25. Los que adoran a Dios conculcan a la antigua serpiente

Pero viste cómo vino una inmensa multitud de gentes, brillando con intenso resplandor, que gallardamente conculcaron por doquier a la bestia, implacables la atormentaron: el fiel ejército de los creyentes, aunque engendrados en la miseria humana, van en pos de sus afanes celestes, con la fe del bautismo y las bienaventuradas virtudes que les llenan de galanura y esplendor; mira que sus obras son poderoso cerco con que rodean y oprimen al antiguo seductor, le prosternan y con atroces tormentos lo desgarran: son las vírgenes, los mártires y los demás adoradores de Dios, que hollan con todo su empeño lo terreno y anhelan lo celestial. Y a ninguno de ellos pudo herir, ni con sus llamas ni con su veneno: pues arraigan con tal firmeza y constancia en el Señor, que ni el incendio manifiesto ni la oculta añagaza de la iniquidad diabólica podrán emponzoñarles, porque con la colosal fortaleza de las virtudes abandonan las vanas quimeras y, viviendo con justicia, la santidad alcanzan.
Pero aquel que con ojos vigilantes mire y con oídos afinados escuche, acoja con el beso del amor estas palabras místicas que dimanan de Mí, el Viviente. Así sea.