22. Expulsión de los herejes

Y escapad de los que moran en cuevas tenebrosas, enclaustradas cohortes del Demonio. Ay, ay de aquellos que así perseveren, visceras del diablo, heraldos del Hijo de la Perdición.
Apartaos, pues, de ellos con toda la devoción y la plena fuerza de vuestras almas y cuerpos, oh bienamados hijos Míos; mirad que la antigua serpiente los alimenta y atavía con sus celadas, y la adoran en lugar de a Dios, en ella confían por sus añagazas y embustes. Son abyectos homicidas: dan muerte a los incautos que se les unen, antes de dejarles retractarse de su error; son despreciables fornicadores que a sí mismos se prostituyen: sacrifican su semen en el homicidio y se lo ofrecen al Demonio; infestan Mi Iglesia con sus cismas y la profusión de sus vicios cuando, en sus ignominiosas conjuras, se burlan con escarnio del bautismo, del sacramento del cuerpo y la sangre de Mi Hijo, y de otros ritos de Mi Iglesia. Pero, aunque por temor de Mi pueblo no abominen abiertamente de estas instituciones Mías, en su corazón y en sus obras las reducen a nada. Pues fingen poseer la santidad por ilusión diabólica, mas en esto les engaña el Demonio, porque si el mismo Satanás se les mostrara al descubierto, lo conocerían y, entonces, huirían de él. Por eso les enseña ciertas cosas, mediante sus artes, como si fueran buenas y santas, y de este modo los embauca. ¡Ay de los desdichados que así perseveren en la muerte!
Pero como el Demonio sabe que el tiempo de su error será breve, se apresura en perfeccionar la infidelidad en sus miembros, que sois vosotros, viles embaucadores que porfiáis en subvertir la fe católica. Sois veleidosos y cobardes para repeler las venenosas flechas de la deshonra humana, que arrojáis, según vuestra voluntad, contra la Ley. Por eso, después de saciar vuestro desenfreno con el ponzoñoso semen de la fornicación, fingís orar, os revestís de falsa santidad: pero más indigno es esto a Mis ojos que cieno fétido.
El cisma que se alzó en Horeb, donde el pueblo judío esculpió un ídolo y empezó a recrearse con diabólica irrisión, como todavía hoy hacen algunos con petulancia; y el cisma de Baal, en el que muchos perecieron; y el cisma de las fornicaciones, cuando los madianitas perpetraron terribles saqueos; y otros semejantes: en verdad que todos estos caerán sobre vosotros, porque en todos ellos tenéis parte por vuestra maldad; y sois aún peores que los antiguos, pues conociendo la verdadera Ley de Dios, con pertinacia la despreciáis.
Pero, oh vosotros, los que deseáis vuestra salud y recibisteis el bautismo, que sois el Monte ungido, santuario del Señor: resistid a Satanás, no bajéis del monte de vuestra salvación.