12. El Demonio expande por el mundo el fuego de su iniquidad

Su boca exhalaba abundantes llamas que se esparcían en cuatro partes: de su rapacísima voracidad escupe multiformes y aciagas maldades, cruel incendio de su aviesa persuasión, y lo esparce ampliamente por las cuatro partes del mundo, entre los hombres, para que le sigan.
Una se elevaba hasta las nubes: porque este soplo demoníaco aparta, con el filo de su llama, a los que van en pos del Cielo con el pleno afán de sus almas. Otra se propagaba entre los hombres seculares: pues con sus sinuosas apariencias engaña a los que habitan en los quehaceres terrenales. Otra se extendía entre los espirituales: con su mentira emponzoña a los que luchan bajo la disciplina espiritual. Y la última descendía al abismo: con su perversidad arroja en los tormentos infernales a los infieles que a ella sucumbieron, pues estos, desviándose por sendas de falsedad y engaño, no siguieron el camino de la rectitud, ni mostraron la reverencia debida al Dios verdadero, como testimonia David cuando dice: