4. El Demonio ofrece arteramente riquezas y placeres a los hombres.

A su izquierda había como una plaza donde se veían riquezas humanas, delicias seculares y un mercado de diversos géneros: porque en la muerte -la izquierda de este Adversario- se ve una plaza: las malvadas obras de esa muerte; allí abundan la soberbia y la vanagloria en riquezas perecederas, allí lujuria y desenfreno pululan en placeres transitorios, allí, en un mercado, se compra y vende toda especie de ambiciones terrenales; así son engañados, con subterfugios, los que se horripilarían de ver el espanto diabólico al descubierto, cuando con gentileza se les ofrecen las innumerables tentaciones de los vicios, igual que un mercader muestra a los hombres sus distintas mercaderías, para que, cautivados, compren con parejo frenesí cuanto a sus ojos brinden. Mira que el Demonio ofrece sus artes a los hombres con mentiras. Y los que las apetecen, las compran. ¿Cómo? Arrumban su buena conciencia como si la vendieran, y acumulan mortíferas heridas en su alma como si las compraran.