102. Los hombres, rescatados de las tinieblas

Pero cuando el hombre yacía postrado en lóbregas tinieblas de impiedad, sin poder levantarse solo, envié para salvarlo a Mi Hijo, encarnado milagrosamente de una Virgen, Dios verdadero y Hombre verdadero. ¿Qué quiere decir esto? Que salió verdaderamente de Mí, el Padre, según Su Divinidad, y recibió verdaderamente carne de una Virgen, Su madre, según Su humanidad. ¿Qué significa esto? Oh hombre, frágil y desvalido tu cuerpo, pero indómita y dura tu impiedad: hasta una piedra puede ser pulida para edificar y en cambio tú no quieres dulcificarte para la fe. Escucha, pues. Si un hombre tuviera una bellísima gema en un cofre, la engastaría para que otros la vieran; así también, Yo, que tengo a Mi Hijo en Mi corazón, quise que Se encarnara de una Virgen a fin de que trajera la salud de la vida a los creyentes. Y si le hubiera dado un padre carnal, ¿quién sería Él entonces? No Mi Hijo, sino Mi siervo. Mas esto no debía ser así. En cambio Él, nacido de una Virgen, comió, bebió, descansó durmiendo y sufrió muchas tribulaciones corporales, pero no sintió el gusto del pecado en Su carne, porque no la recibió en la mentira, sino en la verdad. ¿Qué quiere decir esto? Los demás hombres nacen en el pecado de Adán y Eva, por el gusto del placer: nacen, pues, según la mentira, y no según la verdad. Mi Hijo no vino así al mundo, antes bien, nació en la santidad, de una Virgen casta, por la redención de los hombres. Porque lo semejante no será capaz de soltar de su atadura a lo semejante, si no viene uno más grande que pueda liberarlo. ¿Qué quiere decir esto? Que el hombre, nacido en el pecado, no podía rescatar al hombre pecador de la perdición de la muerte. Por eso vino Mi Hijo libre de pecado: venció a la muerte y misericordiosamente rescató de sus cepos a los hombres.
Pero aquel que con ojos vigilantes mire y con oídos afinados escuche, acoja con el beso del amor estas palabras místicas que dimanan de Mí, el Viviente.