95. Los elementos aullan por la iniquidad de los sacerdotes

Ululad, pues, oh pastores, y llorad vuestros crímenes que, por vuestra iniquidad, suenan con terrible aullido, para que los elementos escuchen su clamor y ululen con ellos ante Mí. ¿Cómo os atrevéis a tocar en vuestro oficio al Señor con las manos ensangrentadas, con ponzoñosa inmundicia, con traidora iniquidad? En verdad que con vuestra ignominia estremecéis los fundamentos de la tierra. ¿Cómo? Cuando no teméis tocar a vuestro Señor mancillados por tantos crímenes, hostigo la tierra con grandes quebrantos, vengando así la carne y la sangre de Mi Hijo, pues mira que por este horror no sólo agitáis con crueldad la tierra, sino que con vuestro oprobio emponzoñáis aciagamente los Cielos. ¿Cómo?
Cuando, inmundos en vuestra hez, tocáis a vuestro Señor como puercos que enfangan las perlas, los Cielos, advirtiendo vuestra iniquidad, desatan sobre la tierra la venganza de Mi juicio, por voluntad Mía. Pues debíais preceder a Mi grey con la justicia verdadera y la Ley divina, ilustrándola con las buenas obras para que, caminando a vuestra zaga, no tropezaran los pies de este pueblo Mío con escollo ninguno; pero he aquí que lo mancilláis con mayor iniquidad que aquella con la que él mismo se contamina, y tiene, pues, en vosotros el peor y más ruin ejemplo. Sí, debíais ser una gema tan brillante que, avanzando los fieles a vuestra luz, pudieran conocer la recta senda, y en cambio, por parajes de muerte los lleváis, así que no les es posible hallar medida alguna en vuestro desafuero. ¿Cómo podéis ser sus pastores si así los seducís? ¿Cómo podríais responder de ellos, si ni de vosotros mismos respondéis? Ululad, pues, y llorad antes de que se cumplan vuestros días y os lleve la muerte. ¿Por qué no estimáis el honor que, por encima de otros hombres, se os ha dado? ¿Qué honor? Este: