86. Que nadie pierda la esperanza por el peso de sus pecados

Que nadie pierda, pues, la esperanza por el peso de su iniquidad; mira que si desespera de Mi misericordia, no renacerá a la vida. El que, en cambio, luche contra la desesperanza y, al cabo, la reduzca a nada, se habrá liberado, pues a fuer de valiente, ha vencido con gallardía. Pero quien, altanero el corazón, no procure el remedio de la salud, no será amparado, porque cuando pudo hallarme, se negó a buscarme. Así que no te olvides de ti mismo mientras aún duren tus días, oh hombre: busca el alivio de la confesión sincera, como ordenó Mi Hijo al leproso en el Evangelio, al decirle: