76. Las mujeres no deben acercarse al oficio del altar

Tampoco las mujeres deben acercarse al oficio de Mi altar, porque son desvalido y frágil habitáculo, destinadas a engendrar hijos y, una vez paridos, criarlos diligentemente. Pero la mujer no concibe al hijo ella sola, sino mediante el varón, a semejanza de la tierra, que no se labra ella misma, sino merced al agricultor. Por tanto, así como la tierra no se ara sola, tampoco la mujer será equiparada al sacerdote en el oficio de consagrar el cuerpo y la sangre de Mi Hijo, aunque puede cantar las alabanzas de su Creador, igual que la tierra recibe la lluvia para regar sus frutos. Y lo mismo que la tierra da todos los frutos, el fruto pleno de las buenas obras alcanza la sazón en la mujer. ¿Por qué? Porque puede recibir por esposo al Sumo Sacerdote. ¿Cómo? La virgen prometida a Mi Hijo Lo recibirá por Esposo, pues ha cerrado su cuerpo al hombre carnal y tiene así, en su Esposo, el sacerdocio y el entero ministerio de Mi altar, y con Él posee todas Sus riquezas. También la viuda puede ser llamada esposa de Mi Hijo si renuncia al varón carnal y huye bajo el refugio de Sus alas. Y así como el marido adora a su mujer, Mi Hijo abraza dulcemente a Sus esposas, que, amantes de la castidad, fervorosas corren hacia Él.