50. El sacerdote dirá sólo las palabras del canon

Mira que Yo, Padre de todo cuanto existe, no quiero que el secreto tenor de las palabras sagradas con que debe invocarme el sacerdote en el altar se vea alterado con prolijos y pomposos discursos, sino que sea conforme al recto canon de los primeros maestros que, por don del Espíritu Santo, aprendieron a invocarme con memoria fiel, sin la facundia de la falsa sabiduría, antes bien, con sencillez de corazón: que no Me complazco en el mucho hablar, sino en la pureza de espíritu de cuantos con devoción Me buscan y cordiales Me abrazan, henchidos de amor. En otras ocasiones otorgo a Mis elegidos, cuando Me buscan, Mi gracia según los distintos dones del Espíritu Santo, pero en este sacramento Me doy a ellos plenamente, porque Mi Hijo está en Mí, y Yo estoy en Mi Hijo, el Espíritu Santo está en Nosotros y Nosotros en Él, y somos Uno en la Divinidad, como el cuerpo, el alma y la fuerza de una criatura humana forman un solo hombre vivo. Por tanto, que quien se acerque a este sacramento, mire por venir de tal modo que no ofenda la gloria de la Divinidad.