48. Palabras del Señor al sacerdote negligente

«Siervo malvado, ¿por qué no te ataviaste debidamente con la vestimenta sacerdotal según te prescribieron los sumos maestros de la antigüedad, llenos del Espíritu Santo, para distinción del oficio espiritual, como Me obsequian los ángeles, fieles servidores Míos? ¿Por qué no respetaste el tenor de las palabras que dichos padres, imbuidos del Espíritu Santo, te encomendaron con el fin de consagrar el cuerpo y la sangre de Mi Hijo para salud y gloria del género humano?». Quien sea, pues, reo de esta culpa, responderá de ella ante Mí, a no ser que, contrito, él mismo se dé escarmiento con férrea penitencia.