24. Este misterio se celebrará hasta el fin del mundo

Este pan es la carne de Mi Hijo, a la que no oscurece la noche del pecado, ni ensombrece la nube de la iniquidad: cuantos dignamente lo tomen verán inundados su cuerpo y su alma de la luz celestial, en la fe les será borrada la sórdida mancha del corazón. No alberguéis, pues, duda alguna sobre esta carne sagrada: comprende que a Aquel que ni de la carne ni del hueso formó al primer hombre Le es posible obrar así este sacramento. Sí, oh vastago virginal, que despuntas, creces, te expandes y haces brotar una inmensa rama llena de retoños, por la que será levantada la Jerusalén Celestial, venido, no de semilla de varón, sino del aliento místico. Pues no conoce atadura ni sombra de pecado Tu alborada, mas floreciste en la maravilla de las virtudes: en un campo agreste germinaste, como flor imperecedera que nunca se marchita, que siempre subsistirá en su lozana plenitud. Así que este sacramento de Tu cuerpo y Tu sangre será adorado en la Iglesia, en la celebración de la verdad, hasta que, al final del mundo, llegue el último de los hombres que ha de ser salvado verdaderamente por este misterio, pues dimanando del secreto del Señor, brinda la salud a los fieles, como testimonia David cuando dice: