15. Cuándo se convierte la oblación en cuerpo y sangre de Cristo

Pero que la Virgen Bienaventurada escuchara en secreto, por las palabras del ángel, un mensaje verdadero y, creyendo, elevara los suspiros de su corazón al decir: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» , concibiendo así al Unigénito de Dios con la venida del Espíritu Santo, señala que el Dios Omnipotente ha de ser invocado por la voz del sacerdote en el oficio de la misa: creyendo fielmente en El y ofreciéndole con devoto corazón la oblación pura, pronunciará las palabras de la salud en humilde servidumbre, entonces la Majestad Suprema recibirá esta ofrenda y, por admirable virtud, la transformará en la carne y en la sangre del Santo Redentor. ¿Cómo? Así como Mi Hijo recibió milagrosamente la humanidad en la Virgen, también ahora esta oblación se convierte, de forma prodigiosa, en Su carne y Su sangre en el altar. Por tanto, este sacramento es, todo él, íntegro, invisible y visible, como también Mi Unigénito permanece enteramente íntegro, invisible según Su Divinidad, y visible mientras estaba en el mundo según Su humanidad.