12. Esta oblación es carne y sangre verdaderas

Y mientras esa claridad alumbraba la oblación, como se ha dicho, la elevó invisiblemente a los secretos celestes: porque, al inundar este fulgor ígneo con su luz el sacramento, según se refirió ya, lo lleva con invisible fuerza hacia las ocultas regiones superiores que los ojos mortales no pueden contemplar; y luego, de nuevo descendiendo, volvió a depositarla sobre el altar: pues suavemente torna a ponerla sobre la mesa de la santificación con deferente benevolencia, como cuando un hombre inspira su aliento y después lo exhala mientras aspira, por maravilloso designio del Señor, el soplo que da la fuerza de la vida y enseguida lo expulsa para seguir viviendo; así, la ofrenda se convirtió en carne y sangre verdaderas, aunque a los ojos de los hombres pareciera pan y vino: igual que Dios es verdadero y sin falsedad, la altura de este sacramento firme altura es y nadie puede abatirla, pues es carne y sangre verdaderas, sin engaño; porque así como el alma se halla verdaderamente en la carne y en la sangre mientras el hombre vive en su cuerpo, este misterio se hallará en el pan y el vino, allí donde sea adorado en una celebración verdadera, y con esta forma aparecerá ante los mortales: pues lo mismo que los ciegos ojos humanos no pueden contemplar en plenitud al Señor, tampoco es capaz el hombre de distinguir, según la carne, este misterio; mira, percibís sólo el cuerpo de vuestros semejantes, pero no su espíritu, por eso, también advertís el pan y el vino, mas no los sacramentos. ¿Qué quiere decir esto?
La serenidad que apareció sobre el cuerpo del Hijo de Dios enterrado en el sepulcro, resucitándolo del sueño de la muerte, también ilumina en el altar el sacramento del cuerpo y la sangre del Unigénito de Dios, ocultándolo a la mirada de los hombres, que no pueden, así, contemplar Su santidad sino bajo la forma del pan y del vino con que la oblación se pone en el ara; igual que tampoco vieron la divinidad del Hijo de Dios, tan velada bajo Su figura humana que sólo percibían en Él al hombre cuando, como tal, vivió entre ellos, aunque libre de pecado. ¿Qué quiere decir esto?
Yo, Creador de todo cuanto existe, acepto de buena voluntad la oblación que la Iglesia Me ofrece por mano del sacerdote, pues así como la Divinidad reveló Sus maravillas en el útero de la Virgen, también ahora muestra Sus secretos en esta ofrenda. ¿Cómo? Aquí se manifiestan el cuerpo y la sangre del Hijo de Dios. ¿Cómo?