56. Palabras del Evangelio

«Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada» . ¿Qué quiere decir esto? Todo pecado cometido en la desmesura de la carne, con placer o con amargura o con otros vicios semejantes, sea la blasfemia del culto a los ídolos -en que se ignora al Dios verdadero y se adora a una falsa figura-, sea la invocación a los demonios -en que se conoce al Dios verdadero mas, por perversidad humana, se implora a Satán-, todo esto se perdonará a los hombres, por la penitencia justa, cuando, con lágrimas de atrición venidas del fondo de sus corazones, busquen fielmente al Dios verdadero que brinda, misericordioso, Su amor a cuantos Le invocan. Pues aunque los hombres yerren gravemente, extraviándose así en los pecados, si no reniegan por completo del Señor, que reina en los cielos con poder y gloria, encontrarán la mano de Su ayuda cuando la busquen.
Pero si porfían en su infidelidad, sin restablecerse nunca de esta ignominia, antes bien, con la connivencia del alma, niegan absolutamente en sus contumaces corazones al Señor, murmurando para sí: «¿Qué es eso a lo que llaman Dios?, pues no hay Dios con misericordia o verdad que quiera o pueda ayudarme», y así, impenitentes, desconfían de poder ser purificados de sus culpas o salvarse de algún modo, estarán blasfemando contra el Señor; entonces no se les perdonará su blasfemia, por esta obstinada maldad, si en ella perseveran: tanto asfixian el entendimiento de sus corazones, que ya no pueden suspirar en pos de las alturas; mira, en nada estiman a Aquel por cuya misericordia deberían salvarse, como testimonia el salmista David.