39. Todo hombre cumplirá los votos que me haga

Si un hombre se ha confesado por voluntad de su corazón y pronunciado los votos con la devoción de su alma para llevar Mi yugo, abandonando lo mundano, y luego recibe, con ese afán de sus entrañas, por deseo de su anhelante alma, el signo de la religión como sazón de su justo propósito, persevere en él, no sea que si después claudica, con el desdén de la porfía en el mal, caiga sobre él la condena de un severo juicio. ¿Qué quiere decir esto? Habrá escarnecido a Aquel cuyo signo él mismo aceptó y lo habrá conculcado, como lo despreciaron los judíos cuando, en el desatino de su impiedad, Le atormentaron en la cruz. Pues así como los judíos no temieron por su crimen, tampoco este se espanta al rechazar, junto con su voto, la Pasión. Mira que el hombre deberá cumplir los votos que Me haga, como testimonia David cuando dice: