23. El pueblo secular que respeta la ley de Dios engalana la Iglesia

Pero, viste que otro resplandor, cual blanca nube, rodeaba grácilmente a la imagen, desde el ombligo hacia abajo, hasta donde la imagen aún no se manifestaba: esta es la vida secular que, inmersa en el diáfano fulgor de la intención luminosa, abraza a la Iglesia con la reverencia de la ayuda justa, desde la plenitud de su fuerza gestadora hasta el límite más allá del cual aún no ha crecido en sus hijos. ¿Cómo? Junto al ombligo está el lugar de la germinación de sus miembros, donde es engendrado todo el género humano; por eso se encuentra allí el pueblo secular en la Iglesia, por el que alcanzará ella el número pleno de sus órdenes: porque allí están los reyes y duques, príncipes y gobernantes con sus subditos, y todos los demás, pobres y ricos, y los mendigos que viven entre ellos. Todos ellos engalanan hermosamente a la Iglesia, pues cuando los seglares observan con fidelidad la Ley de Dios que les ha sido prescrita, la adornan con grandeza: envuelven en muchos abrazos al Señor cuando obedecen con sincera humildad y devoción a sus maestros, cuando con limosnas y vigilias, abstinencia y, también, viudez, y otras buenas obras que son de Dios castigan sus cuerpos por amor a Él. Bienamados Míos son, pues, cuantos guardan la Ley a ellos prescrita según Mi voluntad.