22. Nadie emprenderá esta senda sin haber sido probado

Que ninguno emprenda esta senda repentinamente, como despertando de un sueño, sin haberse sometido primero a un íntimo examen que pruebe si el dominio de su espíritu es firme para poder perseverar en este designio, no sea que si entra en ella por propia voluntad, mediante un pacto de bendición, y luego, claudicando por su perverso error, impenitente Me burle, perezca miserablemente en la perdición de la muerte. Por tanto, oh bienamados hijos Míos, aciagamente dispersos por la tribulación: levantaos pronto con la humildad y el amor, y avenios a vuestro santo designio con gallardía y concordia.