11. Ejemplo sobre esto

Si un poderoso príncipe tuviera una esposa muy querida para él y fuera corrompida en adulterio por el último de sus siervos, ¿qué haría este señor? Arrebatado de cólera, mandaría sin duda su ejército contra él, con el fin de aniquilarle, porque le habría herido en sus entrañas mismas. Pero si este siervo, aterrorizado ante el inmenso ejército, le suplica que interceda por él y, además, cae a los pies de su señor llorando para que le perdone, entonces ese príncipe, por su bondad y los ruegos de los otros, le permitirá seguir viviendo y lo devolverá al grupo de sus siervos, mas no le recompensará como a sus restantes familiares y amigos, aunque le trate con la gracia debida a sus semejantes. Así le ocurrirá también a quien envilezca y seduzca a una esposa del Rey Eterno; mira que este Rey lo enviará a la perdición, ejerciendo Su derecho con legítima ira, pues con tal acto le hizo afrenta y, olvidándose de Él, Lo tuvo por embustero.
Pero si este desdichado, anticipándose al día de la ira, ruega suplicante a los elegidos de Dios que imploren el perdón de su Señor para él, y, además, llorando contempla la humanidad de su Salvador a fin de que, por Su gracia, sea absuelto de su pecado, entonces ese Rey, evocando la sangre derramada para redimir al género humano, y por amor a los ciudadanos celestes, lo rescatará de su culpa y de las garras del Demonio, no sea que vaya a la perdición, y le dará la salvación de las almas bienaventuradas; pero no le adornará en el alegre baile de las nupcias reales, en el que exultarán los demás amigos del Señor con las vírgenes sagradas prometidas a Mi Hijo en esponsales celestes, como tampoco coronará con el esplendor de la virginidad a quien haya perdido la pureza virginal, aunque le otorgue el júbilo junto a Sus otros elegidos en la Ciudad Celestial, con un inestimable galardón.