2. En la confirmación se recibe la dulzura del Espíritu Santo

Entonces viste una torre inmensa y redonda, hecha toda ella de una sola piedra blanca: he aquí cuan inmensa es la dulzura del Espíritu Santo que rodea y abraza con la gracia a todas las criaturas, así que, en la pureza y plenitud de la justicia, es incorruptible; pues al tener un ardiente cauce, deja correr los arroyos de la santidad en Su fulgurante fortaleza, en la que no se hallará sordidez ni tacha; porque el Espíritu Santo es esplendor que arde y alumbra y nunca se apagará, que vivamente enciende las luminosas virtudes, así que todas las tinieblas ahuyenta.