1. La edificación de la Iglesia

Por eso ves una imagen de mujer, inmensa como una gran ciudad: representa a la Esposa de Mi Hijo, que siempre alumbra a sus hijos en la renovación del Espíritu y del agua, pues el poderoso guerrero la erigió para que, en la anchura de las virtudes arraigada, abarcara y perfeccionara a la incontable muchedumbre de sus elegidos. Ningún enemigo prevalecerá en lucha contra ella: arroja de sí la impiedad y en la fe se expande; así que entiendan por esto cuantos habitan el mundo perecedero que cada fiel es un ejemplo para su prójimo, por lo que obra grandes virtudes en los Cielos. Pero sólo cuando cada uno de los justos alcance a los hijos de la luz, se manifestarán en ellos las buenas obras que realizaron y que no pueden conocerse en la perecedera ceniza de la tierra: aquí la sombra de la tribulación las oscurece.