8. Sobre la unidad de la esencia

Pero el Padre no existe sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre, ni el Padre y el Hijo sin el Espíritu Santo, ni el Espíritu Santo sin Ellos: estas Tres Personas son inseparables en la Unidad de la Divinidad. ¿Cómo? Resuena la palabra desde la boca de un hombre, mas la boca no resonará sin la palabra, ni resonará la palabra si no hay vida. ¿Y dónde habita la palabra? En el hombre. ¿Y de dónde sale? Del hombre. ¿Cómo? Porque el hombre tiene vida. Así está en el Padre el Hijo, al que el Padre envió a las tierras de calígine por la salvación de los hombres, concebido por el Espíritu Santo en una Virgen; Hijo que, así como es Unigénito en la Divinidad, es también Unigénito en la Virginidad y, al igual que es el Único del Padre, es también el Único de la Madre: el Padre Lo engendró, sólo a Él, antes del tiempo, como la Madre Lo engendró, sólo a Él, en el tiempo, porque permaneció virgen después del parto.
Por tanto, oh hombre, entiende en estas Tres Personas a tu Dios, que te ha creado en la fortaleza de Su Divinidad y te ha rescatado de la perdición. No olvides, pues, a tu Creador, como te aconseja Salomón, según está escrito: