3. La Palabra está indivisible y eternamente en el Padre

Pero viste que ese fuego albergaba en su interior, tan inseparable de él como las entrañas del hombre, una llama celeste que, con un ligero soplo, intensamente ardía: porque en el Padre estaba, antes del tiempo de la fundación del mundo, la Palabra infinita, que habría de encarnarse, en el fuego del amor, bajo el curso de los siglos cercanos a su declive, prodigiosamente, sin mancha ni peso de pecado, por la dulce lozanía del Espíritu Santo, en la alborada de la santa virginidad; y así como antes de hacerse carne estaba indivisiblemente en el Padre, después de revestirse de humanidad permaneció inseparablemente en Él. Pues igual que el hombre no subsistiría sin el latido vital que recorre sus visceras, tampoco era posible, en modo alguno, que se separara del Padre Su Palabra Única.