1. Dios creó el mundo y lo ordenó maravillosamente

El Dios Inefable y Todopoderoso, que estaba antes de los siglos y no ha tenido principio ni dejará de ser transcurrida la plenitud de los tiempos, fundó y ordenó maravillosamente toda la creación, según Su voluntad. ¿Cómo? Distribuyó el Señor a las criaturas: a unas les mandó que arraigaran en la tierra, a otras, que permanecieran en los Cielos. También dispuso los bienaventurados espíritus angélicos: tanto para salud de los hombres, como para gloria de Su nombre. ¿Cómo? Decidió que unos subvinieran a las necesidades humanas y que otros manifestaran a los hombres Sus juicios secretos.
Por eso viste, en la altura de los secretos celestes, dos milicias de espíritus supremos que brillaban con gran fulgor: porque, como te ha sido revelado, en la altura de esos misterios que la mirada carnal no penetrará, pero que la visión interior de los hombres vislumbra, estas dos milicias señalan que el cuerpo y el alma humanos deben servir al Señor para que compartan con los ciudadanos celestes la claridad de la dicha eterna.