27. El don del arrepentimiento levanta el alma

Oh hombre, que contemplas estas maravillas, también viste cómo una multitud de torbellinos invadía otra esfera semejante, que permanecía en un cuerpo, y la inclinaba a la tierra: muchas tentaciones invisibles perturban el alma humana mientras habita en el cuerpo y a menudo la inclinan hacia los pecados de la concupiscencia terrena por el deleite de la carne. Pero la esfera, recobrada su fuerza, irguiéndose con valentía resistió vigorosamente el embate: cuantas veces sucumba en el pecado el hombre solícito y fiel, tantas otras se apartará compungido de la culpa, por don de Dios, y, librando su confianza en el Señor, rechazará las ficciones diabólicas buscando fielmente a su Creador, como antes mostraba, en verdad, ese alma fiel que lamentaba sus miserias.