11. De los ídolos

Pero aquellos cuya impiedad les apartó del Señor, que se construyeron ídolos en los que se deslizó el Demonio y los engañó, surgieron, con el atrevimiento de semejante vanidad, cuando ya se hubo extinguido esa estirpe de hombres a los que Adán y Eva contaron cómo fueron creados por Dios y, luego, expulsados del Paraíso. Después vinieron otros que les igualaron en maldad: adoraron a una criatura de Dios en lugar de a su Creador, imaginaron que lo carente de vida podía gobernar su existencia. Por tanto, que cuantos aún se emponzoñan en esta impiedad desechen su mentira y se conviertan fielmente a Aquel que destruyó los cepos del Demonio: que se despojen de la vieja ignorancia y abracen una nueva vida, como exhorta Mi siervo Ezequiel cuando dice: