6. Por qué surgen estos errores

¿De dónde procede el mal de estos errores? De aquí: la antigua serpiente tenía las entrañas ahitas de astucia, de engañosa malicia y del mortífero veneno de la iniquidad. Con su astucia me infunde la contumacia del pecado y despoja mi entendimiento del temor de Dios, así que no me asusta pecar, y digo: «¿Quién es Dios? No sé quién es Dios». Con su engañosa malicia me inculca la porfía, y me encono en el mal. Pero con el mortífero veneno de la iniquidad me arrebata todo el alborozo del espíritu, y no puedo ya regocijarme ni en el Señor ni en el hombre; así me induce a la zozobra de la desesperanza, y entonces dudo si podré salvarme o no. Oh, ¿qué tabernáculos son estos que tantos peligros afrontan entre celadas diabólicas?
Pero cuando, por don del Señor, recuerdo que soy obra de Sus manos, entonces, sumida en estas congojas, respondo así a las persuasiones diabólicas: «No cederé a la frágil tierra, entablaré duro combate». ¿Cómo? Cuando mi tabernáculo quiera cometer iniquidad, con sabia paciencia subyugaré mi médula, mi sangre, mi carne, como el fuerte león se defiende y la serpiente corre a su hoyo para escapar del golpe de la muerte. No me dejaré herir por los dardos del Demonio, ni seré presa del placer carnal. ¿Cómo?