20. De los que con artes perversas escudriñan lo venidero

Pero ¿acaso pueden estos hombres que, con malas artes, tan pertinazmente Me tientan, que escrutan las criaturas hechas para servirles buscando que les revelen cuanto su voluntad ansia saber, quizá pueden, digo, alargar o acortar con sus vaticinios el tiempo que su Creador les ha dado para vivir? En verdad que no: ni por un día, ni siquiera por una hora lo conseguirían. ¿O es que pueden postergar lo que Dios ha predestinado? En modo alguno pueden. Oh miserables: ¿acaso no permito que, a veces, las criaturas anuncien vuestras tribulaciones y dichas, cuyos signos portan porque Me temen, a Mí, el Señor, igual que el siervo en ocasiones hace ostentación del poder de su dueño, y como el buey, el asno y otros animales manifiestan la voluntad de sus amos al cumplirla fielmente en su servicio? Oh insensatos, cuando Me relegáis al olvido sin contemplarme ni adorarme, y sólo tenéis ojos para ver qué augura y revela una criatura sometida a vosotros, entonces vuestra pertinacia Me escarnece, pues veneráis a una débil criatura en lugar de a vuestro Creador. Así que te digo: oh hombre, ¿por qué adoras a una criatura que ni puede consolarte ni ayudarte, ni te hará medrar en la dicha, como proclaman los astrólogos, artífices de la muerte, y cuantos les siguen en la impiedad pagana, diciendo que las criaturas os dan la vida y rigen todos vuestros actos? Pero, oh insensatos, ¿Quién hizo las estrellas? Sin embargo, a veces permito que las estrellas anuncien, con sus signos, ciertos hechos a los hombres, como enseñó Mi Hijo en el Evangelio cuando dijo: